#Opinión: Columna de Rafael Rodríguez Olmos @aureliano2327 La cuotica de poder, o cómo se incrementa la corrupción

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#Opinión: Columna de Rafael Rodríguez Olmos

@aureliano2327

La cuotica de poder, o cómo se incrementa la corrupción

 

Chávez, de quien estoy absolutamente seguro, no era corrupto, pues le interesaba más la historia y el país, pero no el dinero, entre sus muchos errores, cometió –a mi juicio- el más importante: creyó que como él no era corrupto, nadie en el gobierno lo sería, mucho menos en el sector que le dio vida, la casta militar. Cuando finalmente aceptó que había corrupción en todos los estratos de la sociedad, sobre todo en el gobierno, ya era tarde. De hecho, cuando comenzó a dar los pasos en el sentido de combatirla, la metástasis del choreo era un hecho. Es posible que los cuatro millones de empleados públicos que tiene la nación, todos sean corruptos, de una u otra forma, por acción o por omisión.

Conozco directoras de planteles educativos, que no solamente metieron a trabajar en la escuela a toda la familia, sino que esos familiares se fueron a Colombia, pero siguen cobrando por el Ministerio de Educación. La corrupción en las empresas del Estado, llegó a niveles cuya explicación no existe, comenzando por la gigantesca Venvidrio, que producir 12 millones de dólares de ganancia al mes, hoy está quebrada y mantenida por el Estado. O el caso de Invepal, que debió cubrir una cuota de la producción de cuadernos para los diez millones de estudiantes (si es que los hay por el grosero aumento de la deserción escolar, tanto estudiantil como docente) pero resulta que los cuadernos se los están comprando a empresas colombianas. De inmediato surge la pregunta ¿quién se estará llenando de dólares? O puede que uno de los casos más emblemáticos, como lo es Lácteos Los Andes, empresa que producía 75 rubros distintos, incluyendo un maravilloso queso Paisa Los Andes, y hoy produce apenas leche, a veces papelón con limón, pero en cantidades que ni siquiera cubren un municipio.

La corrupción es un hecho inherente al hombre. Fue una de las razones de la caída del imperio romano. Y, de hecho, Alejandro Magno ordenó que a su muerte se esparcieran sus riquezas por las calles para que sus generales entendieran que, en la muerte, nadie se lleva nada. Pero eso no es suficiente. Hay dos elementos que son fundamentales para el combate a la corrupción: el castigo duro y sin cortapisas; y la formación moral, la conducta ética de la vida. En el caso de la política, la formación revolucionaria, el estudio, acompañado de una praxis permanente al lado del colectivo por el cual se supone que se lucha. Si la formación es auténticamente revolucionaria, dos cosas surgen de ese militante revolucionario: un concepto colectivo de las cosas, por lo que sólo acepta decisiones colectivas; y una humildad que termina siendo agresiva.

El famosos Libro Rojo del Psuv, cuyos planteamientos fueron excelentes, no sirvió ni siquiera para hacer leña en alguna guataca de carne y caña de los dirigentes. Allí estaba expuesto lo que debería ser un militante, pero repito nadie le dio ninguna importancia. Mucho menos importancia se le daría lo que en mis tiempos de militante se conocía como los Círculos de Estudio. Había que llevar a la reunión de los militantes, todas las semanas, un libro leído y fichado, que se sometería a debate. Así me leí todo Mao, puede que el teórico que más admiré, con dos de sus libros que me fascinaron: Las cinco tesis filosóficas y Acerca de la Contradicciones. Los grandes teóricos pasaron por nuestras manos. Yo era amante de la literatura y de la historia, como estudiante de Letras que era entonces.

Ahora, no importa el chavista que usted escuche, sea gobernador, alcalde, diputado, concejal, jefe del partido. Ninguno habla de formación, ninguno habla de estudio, ninguno habla de libros, ninguno habla ni siquiera de música más allá de la basura que se escucha por radio. Y eso, esa carencia de formación, esa ausencia de norte, de criterio propio, de reflexiones, de formación, da como resultado uno de los peores estigmas de este proceso que algunos se empeñan en llamar revolucionario: una cuotica de poder, genera, sin ninguna duda, mucha corrupción; y la ausencia total de humildad.

Basta con que se sea nombrado jefe de un Clap, o jefe de calle, o en la dirección de un sub organismo de algún instituto, para que el personaje se sienta con tal poder, que se atribuye derechos para pasar por encima de cualquiera.

Conozco un jefe de Clap, que fue nombrado por su esposa, quien a su vez fue nombrada por el jefe de un instituto de alimentos. Díganme si eso no es ilegal, y díganme si eso no estimula la corrupción. Porque entonces habría que preguntarse, porqué ese personaje apareció de la noche a la mañana con una camioneta nueva, en tiempos cuando es imposible comprar un vehículo, cotizado a dólares.

Y ese jefe de Clap a su vez, nombra, también a dedo, a los jefes de calle, que por alguna razón creen que le están haciendo un favor a su comunidad, por lo que el trato es grosero, irrespetuoso, e incluso amenazante. No hay libre albedrío. Si a algún miembro de su comunidad se le ocurre esbozar una opinión, será sujeto de una inmediata amenaza: “te quito la caja Clap”. Semejante barbaridad. ¿Tiene atribuciones para eso?

En mi programa de radio siempre reflexioné en torno al hecho de que el proselitismo no debía hacerse, ni en los clap, ni en las ubch, ni en las instancias del gobierno. Allí se supone que todo el mundo es revolucionario, o de izquierda, o por lo menos zurdo. La verdadera tarea está en hacer revolucionarios a los que maldicen a Maduro, o hacerles entender que la guerra económica es real. Pero cómo puede hacer eso alguien que escribe: “va aver una coleccta”, “no ce si saves” “a lomejor están bensidos” y demás yerbas aromáticas de la gramática castellana. Ese nivel de ignorancia, sin ninguna duda, es estímulo para la corrupción, porque ese militante, es obvio que no tiene idea de lo que es un libro, ni siquiera un periódico, pero eso sí, tiene un celular de 150 dólares. De dónde los sacó.

El complemento de esa barbarie es la interconchupancia. La componenda entre todos, o el laissez faire, que no es otra cosa que la conducta según la cual, a cada uno hay que dejarlo que agarren un poquito “para que se defiendan”. Como me dijo un camarada: “Olmos tienen que rebuscarse porque no les pagan un sueldo, no tienen una comisión. Coño, por lo menos unas cinco cajitas le deben quedar para que se rebusquen”. Él no entiende que si todos los jefes clap, o todos los jefes de calle piensan igual, es el pueblo el que finalmente se queda sin alimento. Como el caso de la pobrísima y gigantesca comunidad de Cascabel, ubicada al sur-oriente de Carabobo, la cual alberga a varios barrios, que llevan más de un año sin que les llegue una miserable cajita. Es decir, unas 1.500 familias que llevan su tragedia al lomo y por las cuales Chávez dio su vida. Lo más inentendible de esto, es que todos, absolutamente todos, son chavistas, y están con Nicolás, aunque se acuesten sin comer.

Caminito de hormigas…

Una noche, hace muchos años, me encuentro un amigo en los pasillos de Medicina de la UCV. “Hermano te he estado buscando porque hay votaciones y tú eres delegado del Claustro Universitario”, me dijo. Era mi amigo Douglas Gómez, militante del PCV, gran ser humano, inteligente y cariñoso. Yo pertenecía entonces a la Fuerza Popular Estudiantil (FPE) y estábamos preocupados porque creíamos que la dirección de su partido lo había sancionado. Ahora diría que más que la diabetes, se lo comió la soledad. Con ella murió y sin ninguna asistencia de gobernación o alcaldía, allá en la Monagas, otrora adeca, que aún lo sigue siendo.

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